¿Qué sabes sobre la pérdida de masa muscular durante el cáncer? Durante el cáncer, el cuerpo atraviesa cambios que pueden afectar mucho más que el peso. Uno de ellos es la pérdida de masa muscular, una condición que puede disminuir la fuerza, la energía y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Aunque puede presentarse durante la enfermedad o el tratamiento, identificarla a tiempo y recibir atención especializada ayuda a cuidar la calidad de vida del paciente.
¿Por qué se pierde masa muscular durante el cáncer?
La pérdida muscular puede tener distintas causas. Algunos tumores provocan una respuesta inflamatoria que modifica la manera en que el organismo utiliza los nutrientes y favorece la degradación del músculo. En ciertos pacientes, esto forma parte de la caquexia asociada al cáncer, un síndrome complejo que no se corrige únicamente comiendo más.
A esto pueden sumarse los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos, como náuseas, vómitos, diarrea, alteraciones del gusto, falta de apetito o dificultad para tragar. Cuando comer se vuelve complicado, el cuerpo puede recibir menos energía y proteínas de las que necesita. Asimismo, el cansancio y los periodos de inactividad pueden contribuir a reducir la fuerza y la masa muscular.
¿Cómo afecta la pérdida muscular la vida cotidiana?
La disminución de músculo puede dificultar acciones que antes parecían sencillas, como caminar, subir escaleras, levantarse de una silla o cargar objetos. También puede aumentar la sensación de fatiga y reducir la independencia del paciente.
Estos cambios pueden generar frustración, preocupación o tristeza, especialmente cuando la persona siente que pierde parte de su autonomía.
Es importante recordar que no se trata de falta de voluntad ni de un esfuerzo insuficiente: el cuerpo está enfrentando un proceso complejo que merece atención y acompañamiento.
¿Qué puede ayudar a prevenirla o controlarla?
- Recibir una evaluación nutricional temprana: permite identificar riesgos y adaptar la alimentación a las necesidades individuales.
- Priorizar proteínas y energía suficientes: un especialista en nutrición puede recomendar alimentos, porciones y suplementos cuando sean necesarios.
- Realizar actividad física adaptada: caminar o practicar ejercicios de fuerza supervisados puede ayudar a mantener la funcionalidad, siempre que el estado clínico lo permita.
- Controlar los síntomas: tratar las náuseas, el dolor y las dificultades para comer puede facilitar una mejor alimentación.
Cuidar la masa muscular también forma parte de la atención oncológica y cada paciente tiene necesidades diferentes. En este proceso, contar con el acompañamiento de oncólogos, especialistas en nutrición y profesionales de rehabilitación puede marcar una diferencia importante.
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